Jun 19 2008
NO PODEMOS: DEBEMOS
Después de catorce años, por fin el día. Han pasado las generaciones, pero hemos esperado como moros, tranquilos, pacientes, sentados en la puerta de casa, aguardando a la ocasión idónea. Y, por fin, los dioses y Holanda lo han hecho posible. Nos los traen, los hacen pasar por nuestra calle. El domingo, a las nueve menos cuarto, los italianos pasan por nuestros cuartos de final.
No queríamos a Rumania, equipo intrascendente; no queríamos a Francia, campo arrasado por la ausencia zidaniana. Queríamos a Italia, a la que temen, a los chulos de putas de los italianos, con su camiseta, sus peinados, su fútbol odioso, su suerte, su innata capacidad para competir, su mentira histórica, su himno ridículo, su país inventado en el diecinueve.
En primer lugar, hay que dejar claro de una vez por todas que Italia no es Roma. Roma, como Grecia, somos todos. Muy al contrario, Italia es un país inventado por los burgueses en el XIX y que se forma, como una chavalería en mitad del patio del colegio, alborotadora, en torno a un tipo que se llama Garibaldi. A partir de ahí, con ese nombre, nada puede ser serio. ¿Renacimiento? La cámara oscura convenientemente inventada. ¿La Torre de Pisa? Se vendrá abajo el domingo, por fin. ¿Leonardo? Una tortuga ninja. Italia es la marca con la que la mafia comercializa aceite, trajes, coches. No es nada, por tanto, son once tíos, sencillamente, a los que el domingo dejaremos sin profesión.
Los viejos, ya no. Los jóvenes, ya, sí, con urgencia. Recién descubierto nuestro gen competitivo, que dormía el sueño de los siglos entre complejos históricos, el aficionado español ha de experimentar también ese avance hacia el súper hombre nietzscheano. Estos días, los bares se inundan con la niebla de las viejas palabras. “Italia, siempre lo mismo”, “Vamos a perder fijo”, “Jugaremos como nunca y perderemos como siempre”. Xavis. Son los aficionados-Xavi, que siguen viendo el fútbol en corto, que siguen sin ver nada. No se han dado cuenta de que, por fin, el domingo cumpliremos la mayoría de edad histórica y futbolística. No recuerdan que Villa limpió hace dos meses la escuadra de la squadra, advirtiéndoles de lo que les pasaría si se nos cruzaban. ¿Un amistoso, decís? No, para el súper hombre nada es amistoso, todo es lucha, guerra entre contrarios.
El domingo no vamos a ganar a Italia: la vamos a arrasar del mapa futbolístico, vamos a acabar con la que se creyó la selección eterna, derribaremos sus templos balompédicos, las certezas de sus dioses esféricos, sus seguridades en el cerrojazo y la oportunidad roedora. No se trata de ganar un partido, se trata de hacer justicia, de cumplir con un deber consanguíneo, de venganza.
Como veis, este es un escrito chulesco, visionario, grandilocuente, fanático. No es que me haya convencido, caído del caballo del escepticismo ni nada parecido. Ya hablaremos de Holanda el lunes, ya volveremos a las precauciones de la sabiduría. Pero no ahora. Hoy es la hora de la venganza, que palpita, fría como el acero con el que trocearemos la camiseta azul de los transalpinos para después sortearnos los jirones.
Es la hora de vengaros, Quevedo, Aníbal Barca, Zidane, Luis Enrique, Naranjito, Míchel… Zinedine, no remataste al italiano después del cabezazo. Nosotros lo haremos el domingo, por ti, por nosotros, por el fútbol, por cojones.
El enemigo es el idóneo, el único ante el cual se pasarán los complejos, la caraja adolescente y los granos púberes de Julio Salinas.
¿Podemos? No: debemos. La Eurocopa, como una novia fresca, descarada y frutal, nos espera en ropa interior y oliendo a vida y luz. Ningún italianito engominado y pagado de sí mismo nos hará faltar a la cita. El domingo, venid ya, llevamos catorce años esperándoos.
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Jejeje, bienvenido a la euforia sin control y con sentido.
A mi tampoco me preocupa el partido, más bien creo que ya nos hemos enfrentado al mejor equipo que podía tocarnos por cuadro y que volveremos a encontrarnos en semifinales.
Y de Italia, qué añadir que no hayas dicho ya de ese país inventado, gobernado por mafias y alopécicos nacionalistas al que solo supera en mi ranking maniático de odio irracional ese pueblo Franco que da nombre a un montón de territorio europeo que debería ser Español, o en su defecto Austriaco; pues eso, a humillarles. Cuando llevemos tres goles a por el cuarto, y cuando empiecen a hacer faltas de impotencia, a por el quinto; a ver si conseguimos llenar las gradas de Italianos llorando y vemos como se hunde definitivamente Venecia.
Qué gran razón la de no tener razón en estos casos. De eso se trata, de disfrutar por unos momentos de pura irracionalidad que no va a ninguna parte, de testiculina, de alardes en la barra de algún bar, de apuestas y de chulerías. Y es que les vamos a meter cinco, el primero en fuera de juego y el segundo de penalti injusto.
Pues te voy a pedir una cosa, Angelcaido: el próximo día, cuando además ya sea un hecho, tráete el texto y léenoslo, por los dioses. Apuesto a que luego hay aplausos en el Café, y los pacharanes salen volando, y, y… Bueno, eso no.
Enhorabuena por tu texto, y que sea premonitorio, o más.
!!Por Júpiter!! Qué los dioses romanos te oigan y ellos mismos hagan justicia.
España va a ganar. Y punto.
(…) y una manzana dorada cayó al suelo en plena competición… Era el ardid del corredor, del competidor artero y alevoso: sabía que Atalanta no podría resistirse y se entretendría jugando en corto con los frutos redondos, de pasárselos de mano en mano admirando su hermosura. Tenía tres guardados para ella.
Hipómedes se sabía inferior, ni sus piernas tenían la habilidad de la hija de Esqueneo ni su cuerpo la gracia. La fecundidad de su cerebro no se ocupaba de ser mejor deportista, sino que atendía sólo a ser el mejor. No importaban los medios sino el fin. Así, cualquier argucia era buena si era afín a sus propósitos.
Por eso tramó darle aquellos objetos circulares; que se entretuviera en su contemplación. Él llegaría a la meta el primero.
Pero esta vez Atalanta vio el engaño. Con una sola manzana sobraba. Así que se agachó a por ella y siguió compitiendo. Ya no se agachó a por la segunda. Siguió corriendo.
Cuando Hipómedes estaba dejando la tercera, Atalanta pasó a su lado como un cohete. Atalanta, la jugadora, la deportista, la mejor, ganó. En justicia.
Y el domingo habrá gente que vaya a la Cibeles madrileña a celebrarlo. Sabed que uno de los leones es Atalanta. El otro, Hipómedes. Ambos condenados a no cruzarse la mirada y a tirar el carro de la diosa. Ella mira hacia el norte, hacia el Bernabeu. El otro…
…al Calderón.
Ya solo queda un día y la venganza está por cumplir. Esta vez no es que se pueda, es cierto, es que se va a ganar.
Grandísimo texto,angelcaído.
Pues resumo mi sentir con unas palabras del Alonso, que será todo lo borde que quieran, pero el tipo, cuando las tira, es muy gracioso. A pregunta de un periodista italiano:
“El único jugador que me preocupa de Italia es Pirlo, que no juega, así que será bastante fácil. Para mí el mejor jugador de España es Iker Casillas y ¡probablemente no tengamos que usarlo! Estoy listo para la semifinal”.
Ea. Para chulo angelcaído y Alonso. Y yo me sumo.
A mí es eso lo que me gusta. Por una vez todo el mundo lo tiene claro: toca disfrutar (en compañía, siempre en compañía) de un partido . Y hay dos objetivos simples, que siga la selección y que les demos bien por saco a los italianos.
Y no hay nada más, ¡qué gustazo!
Ese es mi Casio…
Romanos…
Je, je, je…
¡Jod*r! ¡Cómo me lo he pasado! Lágrimas que llevaban catorce años guardadas y gritos aún dirigidos contra Tassoti. Sólo comparable a la séptima.
Ahhgghhh… Qué placer.
Catorce años, catorce años desde la nariz de Luis Enrique y el codo del otro, tú lo has dicho. Pero te aseguro que sólo hoy se le ha curado del todo, y cómo. Y no me refiero al codo de Tassoti, claro. Dios. Por no poner otra vez asteriscos. Impresionante. Qué momento. Pero si es que no podía ser de otra forma. Impresionante.